En el campo, como en la vida, cuanto más truena, y más llueve, y más se agitan los árboles, más se vive con intensidad. Junio suele ser un buen mes para refugiarse en casa, mientras el cielo cae sobre nuestras cabezas. Son días de guisos sabrosos y flores silvestres en el centro de la mesa. El que nunca haya acercado la nariz a una mata de madreselva tiene ahora la oportunidad de hacerlo, y de cortar un ramo, ponerlo en un jarrón con agua, y disfrutarlo como el regalo de la naturaleza que es, generoso y gratuito, igual que las cerezas, los nísperos y las primeras ciruelas, ácidas y verdes todavía, pero que ya anuncian el caramelo que llegarán a ser en unos días.
Tengo muchos amigos que sueñan con…