¿Y si decidiera hacerlo todo por primera vez, como si fuera una persona diferente, y acabara de llegar a este país, o a esta ciudad, y no hubiera celebrado nunca antes la Navidad? ¿Y si abandonara en el trastero mi montón de cajas de cartón, cerradas con cinta aislante y señalizadas con palabras como “adornos”, “belén”, “guirnaldas”, “panderetas”? ¿Y si decidiera que el viejo árbol ya no me sirve, porque lo tengo desde hace dos décadas, y ya no huele más que a polvo y humedad del sótano? ¿Y si empezara de cero? ¿Y si voy, y me atrevo?
La primera semana de diciembre compraría, por fin, los platos pintados a mano que llevo años contemplando al otro lado del escaparate, y las ansiadas copas italianas. Compraría seis. Ni doce…