Denys Finch le aclara el pelo a Karen Blixen en un solitario enclave de la bella sabana africana, Paul Varjak declara su amor a Holly Golightly, bajo la lluvia torrencial, en un callejón de Nueva York y Jake y Rose se besan en la proa del Titanic, con el atardecer de fondo.
El lugar donde se ama es, a veces, tan inolvidable como el hecho mismo de amarse. De eso se trata. Pienso en la habitación donde dormirán mis niños, la chimenea alrededor de la que nos reuniremos en las noches de frío, la cocina de la que partirán los olores más apetitosos, la butaca en la que se echará la siesta mi padre, el rincón de lectura, con su librería abarrotada, su lámpara y su sillón Chester, y la…