Me pongo nerviosa cuando brotan las rosas y poco después las hortensias, en mi terraza. Sé que enseguida se marchitarán, y me entra una especie de ansiedad por disfrutarlas. Traslado la mesa a la calle, vuelvo a usar los manteles alegres, los vasos de colores y las vajillas que compré en Vejer y que solo saco los días de sol, debajo del toldo por el que se han enredado las glicinias.
Es agotador que florezca mi terraza. Organizo meriendas, cenas, Bailes de la Rosa. Invaden mi cuadradito de cielo mis hijos, mis amigas, sus hijos, sus amigos. Quiero agradecerles a todos el regalo de su amistad.
Me da por pensar en este rebrotar, renacer, recomenzar de cada primavera. Lo noto en la calle, en la alegría de desvestirse un poco,…