Enseguida, la charla con mis amigos derivó en la depresión de DFW, en cómo afectó a su obra, y hubo quien insinuó que sin ella su literatura no habría sido igual, dando a entender implícitamente que habría sido peor. Me parece mucho suponer. ¿Por qué no pensar que, de no haber sufrido esa enfermedad mental, no solo habría tenido la oportunidad de haber escrito más, ya que no se habría quitado la vida, sino que además habría escrito incluso mejor? Es cierto que la felicidad no suele dar para un buen argumento de ficción, pero eso no significa que el escritor—el creador, en definitiva—deba ser infeliz para producir arte. Me parece que hay ahí cierto afán de revancha, o de compensación: tenía mucho talento, pero era un pobre amargado; vivió…