Nadie podrá explicar este comienzo de siglo sin pegar unos brochazos, más bien gruesos, de vanidades frente al cartón pluma del photocall. Lástima que el dandi Tom Wolfe ande con las crónicas del otro barrio, porque en este aún quedan temas para bordar periodismo de ese que llamaban nuevo. El “fotocall” patrio es la versión ibérica del photocall anglo, nacido de arre-juntar la palabra “fotografía” y una “llamada” (de atención).
Dejo al lector algunos consejos para que su paso por el fotocall sea más liviano que un rasca y gana en Ryanair. Por mi oficio, no por mi popularidad, a menudo suelo cruzarlos; eso sí, sin pena ni gloria. La penúltima semana de octubre me tocó dos veces: el lunes en un Summit de Forbes y el miércoles en los…