Fue la gran autoridad de la crítica literaria de las últimas décadas, incluso provocando polémicas y grandes debates en todo el orbe intelectual. Fue acusado sin piedad de ególatra, pero no hubo ni habrá lector tan descomunal, insaciable, como Harold Bloom, nacido en Nueva York, en 1930, y muerto el 14 de octubre, en New Haven, Connecticut, a la edad de ochenta y nueve años, tras una vida dedicada a la universidad —fue catedrático en Yale— y a libros como el que le reportó fama internacional, El canon occidental, que llegó a ser en 1994 todo un fenómeno globalizado por proponer qué autores tenían que estar metidos en esa lista de inmortales (la mayoría en lengua inglesa).
De algún modo, Bloom se erigió en EL crítico literario por antonomasia, el…