El pasado 17 de julio, Andrea Camilleri murió en un hospital romano, a los noventa y tres años, después de que un mes antes hubiera tenido que ser ingresado por problemas cardiorrespiratorios. A eso se le añadía que, en su última época, se había quedado ciego, lo cual no le impidió seguir escribiendo, con la ayuda de una asistente que llevaba con él diecisiete años.
Camilleri había nacido en Porto Empedocle, Sicilia, en 1925, y lograría desarrollar una carrera como guionista, director de cine y, sobre todo, narrador, ingente. Y además desde muy temprano, y de modo instintivo y libre, pues aunque en 1944 se inscribió en la facultad de Letras, no continuó los estudios, sino que comenzó a publicar cuentos y poesías, al tiempo que se comprometía políticamente inscribiéndose…