Nuestro vecino del norte, Francia, ha vivido unos días polémicos en el ámbito libresco:
Por un lado, la ministra de Cultura, Françoise Nyssen, exeditora de Actes Sud (y de cuyo nombramiento ya dimos cuenta hace unos meses), ha dictaminado la sustitución del término «negro literario» (nègre litteraire) por prête-plume (pluma lista o a punto), ya que el primero tiene connotaciones fuertemente racistas y coloniales. El término elegido es más parecido al utilizado en lengua inglesa, ghost writer, literalmente «escritor fantasma».
La iniciativa fue encabezada por la agente literaria Nelly Buffon a través de change.org. Esta, con sangre negra en sus venas, declaró que «la palabra negro —nègre, no noir— está definida por los diccionarios Larousse y Robert como un término racista y adjuntarle el atributo “literario? no lo hace más…