El diseño, vinculado a los sistemas industriales primero y programáticos después, hoy se conoce como un proceso y materia que han de escalarse, sistematizarse, conectarse y replicarse. En ese marco, se juzga su valor esencialmente con la métrica, la investigación aplicada, los procesos artificiosos que generan unas aplicaciones menos subjetivas. A las máquinas (y quizá a nosotros que las diseñamos) no les gusta la imprecisión, lo impredecible, lo inconmensurable, lo irrepetible. Y a la vez, en nombre de la velocidad, la eficiencia y la escalabilidad han aparecido prácticas dudosas debido, quizás, a una distancia cínica con la materia diseñada y con las personas que lo usan, los mal llamados usuarios.
Como diseñadores de lo digital, a menudo nos relacionamos con el píxel de una manera fría y distante, sin aquella…