1. Legalizar el placer primario de comer. Abandonar el dietismo. La comida no es un enemigo aunque tenga kilos de más. Se trata de convertir los alimentos que son un “NO” rotundo, en “NI” y los que son un “NI” en un “SÍ”, aunque no los consumamos a diario.
2. Usar todos los sentidos al comer. Poner atención a la experiencia de comer y beber. Tener en cuenta la presentación del plato, colores, aromas, texturas, sabores de la comida. Y también preguntarnos: ¿Dónde sentimos que estamos satisfechos? ¿Cómo se siente estar medio lleno, o lleno del todo?
3. Comprar cada día una porción saludable, controlada y tangible de un alimento preferido y repetirlo por lo menos 8 a 10 días seguidos. Es decir, elegir un plato de aquel alimento preferido,…