El cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, fue el encargado de descubrir la tumba del pintor aragonés Francisco de Goya. Este halló su tumba en estado ruinoso y movió los hilos diplomáticos para trasladar sus restos a España. Tiempo más tarde, cuando finalmente se procedió a abrir el sepulcro, la sorpresa de los allí presentes fue mayúscula. Se encontraron con dos cajas sin identificar, aunque por el tamaño de los huesos de las tibias, mayores en una de ellas, concluyeron que cuál correspondía a la de Goya. La caja no mostraba ninguna señal de haber sido forzada y, sin embargo, faltaba la cabeza. ¿Qué había sido del cráneo de Goya?
La útlima pista que se tiene sobre el cráneo de Goya es un cuadro con una calavera pintada, firmado por…
