Durante siglos, la religión fue un factor de enorme importancia en la política europea. Y, en consonancia con esto, los prelados desempeñaron en dicha política un papel de primer orden. En ausencia de modernas ideologías, la religión legitimaba el orden establecido y situaba a los hombres en la sociedad del momento gracias a leyes divinas que permitían a reyes, duques y condes ocupar sus peldaños más elevados.
Los religiosos, a su vez, tenían su propia escala social. Una pirámide sustentada por monjes, frailes y párrocos, cuyos niveles superiores ocupaban obispos, arzobispos y cardenales. Y por encima de unos y otros, el Papa.
El poder de la Iglesia católica no solo era espiritual, sino también material. Por ejemplo, la prohibición del matrimonio a los religiosos –y la imposibilidad, por tanto, de…
