El día que esta reportera comenzó el trabajo se encontró con que, cuando iba a aparcar en su garaje de siempre, la única plaza libre, la única en la que podía dejar al coche, era la 666. Y el día que fue a entregar su texto ya concluido, ocurrió que los tres ascensores de su edificio estaban en el sexto piso, cuyos números de luz, leídos en hilera, marcaban 6-6-6. Para colmo, ninguno de ellos bajba: habían encallado en la misma planta y no había forma humana de hacerlos descender. ¿Casualidad?
Quizá es que los demás usuarios del aparcamiento son lo suficientemente supersticiosos como para esquivar la plaza maldita. Quizá, que algún gracioso del sexto piso llamó los tres ascensores al mismo tiempo y los bloqueó. O quizá es que,…
