México entra en una nueva fase de su contemporaneidad. Como en otros países del continente, este año elegimos nuevos representantes, quienes tendrán la obligación de encarar desafíos inéditos, así como solventar, con responsabilidad y sentido de futuro, las coyunturas planteadas en estos tiempos que corren. Son numerosas y evidentes las luces rojas que nos llaman a poner atención a problemas impostergables para abordarlos de la manera más justa posible. El futuro se abre cargando deudas de nuestro pasado que reclaman ser saldadas.
La desigualdad social, que en México alcanza cifras alarmantes, es uno de los gérmenes de las numerosas carencias que padecemos. La voracidad por los recursos, económicos y naturales, profundiza la brecha que nos separa a unos y otros en materia de bienestar, seguridad, salud, justicia y educación. Contracorriente,…