Ser optimista es obligatorio. Sí, sé que estamos hasta ahí mismo de que nos obliguen, de que nos prohíban. Y sé que, probablemente, lo que menos te apetezca ahora a ti, que has sufrido lo que no está escrito este año, sea recibir una monserga de autofelicidad. Pero no te lo digo yo: te lo dice Juan Luis Arsuaga, uno de los Homo sapiens que mejor conocen al Homo sapiens y que no para de contar cada vez que te ve que los pesimistas no han servido nunca para nada en la historia de la evolución. “Un pesimista no hace nada, no mejora la especie”.
O te lo dice Marco Aurelio, tan de moda últimamente, que nos enseñó cómo ser feliz en medio de la tempestad mirándose básicamente el ombligo…
