Desde la distancia (y la ignorancia) uno puede pensar que, bah, todos los champanes son iguales, es decir, buenos. Hasta que un día cualquiera por el gaznate corren cuesta abajo unas gotas de Dom Pérignon y, oye, me parece a mí que este champán es cosa de otro mundo (sin desmerecer los demás). Algo muy parecido sucede al hablar de la clase Business en los aviones: “Vuelo en clase Business...”, dices, y la gente aprueba con admiración: “... con Emirates”, apostillas, y a quien te mira se le enciende el color verde de la envidia: “¡Qué c...!”. En esa interjección se condensa todo.
El destino era Dubái, capital del emirato del mismo nombre y sede de Emirates, la aerolínea propiedad del gobierno de Dubái, es decir, del emir Mohamed bin…
