CHRISTOPHER MCQUARRIE recuerda el momento exacto. Tom Cruise acababa de completar su último cruce en la gran acrobacia que se convirtió en la base de Mission: Impossible-Rogue Nation (ya sabes cuál, la del tipo amarrado al costado de un avión al despegar) cuando McQuarrie, aliviado, volteó hacia su director de fotografía, Robert Elswit, con una observación: “Le dije que me daba pena el pobre hijo de perra que dirigiera Mission: Impossible 6”, nos dice riendo, porque se convirtió en el blanco de su propio chiste al aceptar dirigir Mission: Impossible-Fallout.
En cuanto firmó, comenzó a pensar en cómo hacerla más espectacular, porque él y Cruise estaban decididos a superarse. “Hubo una búsqueda constante de LA acrobacia”, admite Christopher. “Pero una vez que dejé de verla como una obligación y de…
