A menudo hablamos de ella, de la amistad, y lo hacemos como si supiéramos qué es. No se trata de una palabra extraña, más bien al contrario: decimos amigo con naturalidad, intercambiamos amistad en redes sociales, repetimos el cliché de «los amigos de toda la vida». Sin embargo, con el paso de los años, me he convencido de que, cuanto más hablamos de ella, más escurridizo resulta ese territorio marcado por las entradas y salidas, por los reencuentros inesperados y por esas desapariciones de las que nunca terminamos de reponernos del todo.
Resulta difícil explicar por qué la amistad ocurre y, sobre todo, por qué deja de ocurrir. Aún más difícil –o imposible– es acercarse al secreto por el que dos almas empiezan a entenderse como si fueran una sola.…