Siempre corrió, pero no así. Con esa soltura, fluidez y celeridad, recibiendo los parabienes del cronómetro, consiguiendo que sus zancadas detengan las balas del almanaque. Porque, quién lo diría, Henry Charpentier ha gozado ya 47 abriles. Un parisino espigado, de trato sencillo y modales exquisitos que, hasta hace un lustro, solo se calzaba las zapatillas de cuando en cuando, enlazando trotes cortos e inconexos: “He corrido toda mi vida, pero de manera muy recreativa, jamás pasé de los 30 kilómetros en una semana. Mi bisabuelo era maratoniano y mi abuelo, a los 84, todavía era capaz de completar pruebas de 100 kilómetros. Mi padre no fue tan lejos, pero también salía a correr, siempre los domingos, acompañado por los miembros del club al que pertenecíamos. Había temporadas en las que…
