Una bilbainada, pero del sur, con el cielo inmaculado y el sol calentando músculo y espíritu. Un salto. No, dos. Tres, para ser más específicos, a lo Yulimar Rojas. El penúltimo fin de semana de febrero el Zurich Maratón de Sevilla se adentró en una dimensión desconocida. Fue tal la brutalidad cronométrica exhibida sobre su trazado, plano y longilíneo, que analizarla es más tarea de estadísticos que de plumillas. A los segundos, siendo honestos, nos han puesto el adjetivo botando: histórico. Simple, preciso, exacto. Muchas veces se recurre a él de manera sibilina, lo manoseamos impúdicamente, devaluamos su significado. En esta ocasión no hay vocablo alternativo. Apuntaba Joaquín Carmona –escrutina con pasión cada dato que emerge del citius, altius, fortius– poco después de que los más afilados partipantes arribasen al…