Nítida, rayana en la obvie-dad, es la importancia que tiene la poesía en el mundo de los libros. Ya mucho se ha dicho. Que el olor, que el polvo, que el tizne de una página vieja, la palidez tísica que les da el sol pasado un tiempo, el ex libris, las marcas en las páginas, las letras que viven en las apostillas. Más allá de la poesía que pueda haber en el interior, hemos construido toda una gramática alrededor de lo poéticos que resultan los libros como objetos.
Pero aquí quiero referirme a una hues-te contra otras pestes. Porque los libros resisten. No al sol, al polvo, a los olores, al color de la vejez, a la palidez del fuego, a las tintas y a las notas emocionadas; no sólo…