Muchas veces el sentirnos aislados, nos hace sentir más poderosos, ese aislamiento –sobre todo cuando viajamos solos- nos hace más agresivos y cuando el tránsito se torna denso, esa agresividad fluye por nuestras venas, y solo buscamos quien nos la pague. Yo en esta columna mensual invito a que le bajemos “tres” rayitas a nuestra neurastenia citadina, y así poner nuestro grano de arena en pro de una mejor convivencia vial.
¡Se que lo que digo es virtualmente imposible! ya que nuestro camino está siempre lleno de malos conductores, microbuseros o taxistas que te “avientan” la lámina al menor pretexto, gente que por un lado busca la manera de agredir –demostrando así su inferioridad-, y luego, después de la agresión, cuando recibe una mentada de madre se hace el indignado…
