Millones de plantas de arroz adornan el territorio javanés, tiñéndolo de un relajante verde, primero, y de un intenso y tostado amarillo, después, ya casi en el momento de su recolección. En llano o en terrazas para aprovechar al máximo el desnivel del terreno, los arrozales permanecen aún, en su mayoría, en manos de pequeños propietarios que los trabajan con los métodos tradicionales y en campos inundados. Pero, sobre todo, proporcionan el alimento básico a los más de doscientos millones de indonesios, que en muchos casos toman el blanco cereal para desayunar, comer y cenar, acompañado de alguna salsa o plato de carne, verduras, pescado… Tan importante es el arroz que tiene su propia diosa, Dewi Sri, a la que los agricultores locales otorgan sus ofrendas en festivales u otras…