Desde el castillo de Gibralfaro, frente a la ciudad y su bahía, Málaga aparenta una serenidad ficticia, pues esta capital vibrante, culta y hecha de muchos acentos parece negarse a dormir.
Al sur del sur, a los pies del último escalón de la Cordillera Penibética que hilvana Andalucía de este a oeste, de cara a las aguas quietas y cálidas del Mediterráneo, se halla Málaga. La capital de la Costa del Sol es, ante todo, dos cosas: la herencia de las más excelsas culturas del viejo mar y, en la actualidad, una de las más modernas, dinámicas y artísticas ciudades europeas. Basta arañar un poco en su conjunto monumental, en las calles y plazas de su casco histórico, para tropezar con el legado fenicio, griego, romano y árabe. Y basta…