Sin distinción de fronteras, épocas o culturas, las poses para hacer el amor han sido fuente de placer y goce, y el simple hecho de conocerlas ya es un estímulo sexual en sí mismo. Esto no implica caer en algunas confusiones que signaron los primeros años de la llamada Revolución Sexual -allá por finales de los años ‘50-, cuando como reacción a la represión sexual de la que se venía, los amantes empezaron a obsesionarse con los manuales de posiciones en busca de una “nueva” sexualidad, llegando a ser más importante el lograr hacerlo en determinada posición que lo que realmente se sentía a nivel de sensaciones de placer en el momento de hacerlo. Esta confusión duró muchos años, podría hablarse de décadas. No hay mejor sexo en determinada posición.…
