Hace años, las novatadas, los chantajes entre compañeros, los insultos, los pequeños hurtos y hasta las agresiones eran consideradas conductas normales en los colegios, una especie de peaje que muchos chavales tenían que pagar por el hecho de ser nuevos, tener algún rasgo físico que se saliera un poco de la norma, disponer de menos herramientas para relacionarse o, simplemente, porque sí, porque les tocaba.
Sin embargo, paulatinamente, hemos ido tomando conciencia de la gravedad de lo que se habían considerado chiquilladas: depresión, ansiedad, fobias y, en los casos más graves, suicidio, son algunas de las terribles secuelas de padecer malos tratos o violencia en la escuela, de la mano de los iguales.
Un antes y un después del caso Jokin
Desde el año 2004 (año en el que el…