Adriana, cinco años
Una noche rebocé el pescado con un pan rallado que tenía algo de perejil. Cuando se lo di a mi hija Adriana para cenar, puso cara de asco y dijo: «Ah, no, yo ese pescado con césped no me lo como».
Lucas, tres años
Estábamos viendo una procesión con nuestro hijo Lucas. Cuando los penitentes pararon a hacer un descanso, Lucas comentó: «Mira, mamá, se les han acabado las pilas».
Laia, cuatro años
Al día de dar a luz, me llamó mi hermana para preguntarme qué tal. Mi sobrina Laia, que estaba al lado, también se puso al teléfono y me preguntó emocionada si ya había nacido su primito. Cuando le contesté que sí, me pidió toda contenta: «Pues pásamelo, por favor».
Marco, dos años
Mi hijo…
