Según José, los males del paciente se convierten en babosas y los que se ahogan en el río transitan a otro mundo. Los mestizos llegan con ruido: chanzas, gritos, risotadas. Son de la ciudad vecina de Benjamin Constant, a 20 kilómetros por la carretera construida recientemente. Ingresan con familiaridad en la maloca y se acomodan en el recibidor, en los troncos que a modo de bancas están dispuestos perpendiculares a la puerta, y charlan con el viejo Santiago y con José, el payé, el médico de la etnia marubo, al que uno de ellos ha venido a buscar. Durante media hora intercambian historias del monte: peligros, hazañas, sucesos increíbles. Mientras, con aparente indiferencia, José ha sacado su rome-rechti, su pequeño inhalador de rapé, y se ha administrado varias sopladas buscando…
