Volvamos al principio. Vivimos en una sociedad con una velocidad de crucero muy alta, sin darnos tiempo, a veces, a colocarnos para enfocar bien las situaciones y los problemas. Vivimos como a destiempo, desfigurados, con objetivos espartanos y una sensación de ansiedad constante. Creo que todos, más o menos, lo sentimos así y notamos que a veces nuestro sistema falla. Nos alteramos, nos descentramos y terminamos echando la culpa a la mala suerte, a los otros…, sin darnos cuenta de que los otros somos nosotros muchas veces, y que la suerte no deja de ser, en la mayoría de los casos, una madeja de probabilidades.
En nuestro caso, me refiero a nosotros, lectores, gente de a pie, como decía mi madre; todas esas alteraciones pueden producirnos malestar, que además podemos…