INTERNACIONAL/GUATEMALA Juana, de ocho años, acaba de salir de la escuela; la temperatura ronda los 40 grados, algo habitual en mayo en el pueblo de Yulchén Frontera, en el norte de Guatemala, a menos de tres kilómetros de la frontera sur de México. Apenas se quita la mochila y completamente vestida, como es habitual, se sumerge en el río Pojom, el más cercano a su casa. Se queda allí hasta que se le arruga la piel. Juan Alonzo, de 33 años, observa a su hija al borde del agua en el río por el que su padre murió hace cinco años.
Desde que su padre, Sebastian, fue asesinado, la niña y sus otros tres hijos son su única razón de vivir. En el pueblo, uno de los ocho que componen…