Aunque no tiene la fuerza, la garra de Almodóvar (Dolor y gloria, 2019), o la ensoñación erótica de Amarcord (1973) de Fellini, directores que revolucionaron el género autobiográfico, Fue la mano de Dios (È stata la mano di Dio; Italia, 2021) cautiva porque coloca el estilo grandioso que caracteriza a Paolo Sorrentino (La gran belleza, 2013) al servicio de la memoria afectiva, y descubre un hilo, el de la mano de Dios, que parece conducir el destino, siempre con ironía y distancia.
En vez de Roma, Nápoles, su ciudad natal, es el escenario fastuoso de recuerdos felices y dolorosos, sobre todo el de la revelación de un destino como director de cine.
La secuencia inicial devela la bahía de Nápoles, mar y ciudad, con una toma de helicóptero, sello del…
