De acuerdo con lo que llevamos expuesto, nos corresponde ahora abordar al último elemento constitutivo de la materia sonora bien ordenada, es decir, el timbre; e incursionar, tan brevemente como se requiere, en los estilos y las formas musicales. Pero antes de proseguir es importante que aclaremos que las nociones que hemos presentado, como las de la armonía, por ejemplo, le toman un par de años de aprendizaje a un estudiante de música serio, de manera que la aludida “barnizada” de conocimientos, sólo pretende ser inductora de un interés que habría, idealmente, de suscitarse en el lector lego.
Así pues, hablar de timbre musical significa referirnos a su “color” sonoro. Por tanto, el timbre hace a la música exactamente lo que el color a la pintura. Sobra decir que es…