El desdén
“ O leaje petrificado de un antiguo mar cósmico”, escribió el Dr. Atl sobre los volcanes a cuyo pie construyó una cabaña para pintarlos y asimilar su “desprecio”; desde lo alto imaginaba la lava inundando pueblos, llenando todo de muerte, fertilizando con ceniza el lejano porvenir. En el reparto agrario del cardenismo, a Gerardo Murillo le tocó apropiarse del paisaje. La tierra o, más bien, lo telúrico se nacionalizó en sus pinturas. En una de ellas, pintó a La Volcana, al Iztaccíhuatl, cercada por nubes. Es una mujer dormida bajo sus nieves, tendida, en espera de un despertar. Junto a ella se arrodilla el Volcán, Gregorio Popocatépetl, cuya actividad eruptiva el pintor fechó entre 1919 y 1938. Nuestra era con exhalaciones del Popo data apenas de 1994, pero…