Para los occidentales, el Oriente era un secreto, un enigma a descifrar. Aún hoy cuando los trenes rápidos atraviesan China y los vuelos enlazan las ciudades del este desde Venecia hasta Kirguistán pasando por el Bósforo, Irán, Uzbequistán, las civilizaciones con raíces ancestrales persisten como un arcano, envueltas en un halo misterioso.
Pese a la modernización, para fortuna de los contemporáneos, hay caminos, paisajes, construcciones y asentamientos humanos casi intocados desde hace dos mil años o más. Enormes grupos de personas continúan con sus costumbres, su vestimenta, su forma de vida, sin importar el contacto con Europa, el haber formado parte de la Unión Soviética, tener el ruso por lengua franca más que el inglés.
La ruta de la seda constituye un entramado de recorridos diseñado por los comerciantes del…