Una de las fuentes de la violencia en nuestra época es la economía, una palabra equívoca que los griegos llamaban, para distinguirla de la verdadera economía (“el cuidado de la casa”), crematística (“el arte de ganar dinero”).
Esta forma del mercado (que los propios griegos, como lo muestra Aristóteles, veían con desconfianza porque desborda los límites, el justo medio, donde la vida florece, y que Marx retomaría en El capital para condenarla con un verso de Virgilio: auri, sacra, fames –“maldita sed del oro”–) se volvió “la forma esencial –dice Hegeldel mundo moderno”. No hay lugar, por más sagrado que sea –amor, religión, política, ámbito familiar–, que la economía no haya corrompido.
Su poder nació con el capitalismo, pero en la lógica de los primeros economistas, como un sustituto de…