Día con día confirmo que la crisis que vive México tiene, como lo señalé en Lenguaje y crisis (Proceso 2010), un componente fundamental en la destrucción del lenguaje. Herder, el padre del Romanticismo, a quien Octavio Paz debe muchas de sus ideas sobre la lengua, hablaba de la enorme importancia que tiene una lengua sana para la salud de un pueblo y afirmaba que cuando una lengua ha sido corrompida, el cuerpo político resiente la decadencia tanto en sus rasgos característicos como en sus logros.
Herder, como teólogo, entendía con mucha finura que el lenguaje, hecho de palabras, es el mundo de los seres humanos. Nada de lo que hemos creado –pensamiento, cultura, ciencia, política, incluso cosas– se ha hecho sin él. Por desgracia, los lenguajes se han vuelto pobres…