Antiguamente, cuando a causa de la precariedad de los medios de comunicación era imposible saber muchas cosas, las atrocidades quedaban en la oscuridad. Se podía torturar, violar, descuartizar, desaparecer y arrasar incluso pueblos enteros sin que a nadie, fuera de las víctimas, importara, y sin que nadie pudiera, por lo mismo, hacer nada. Hoy no es así. Sin embargo, bajo la luz implacable de las fotografías, de las imágenes televisivas, de los relatos de las víctimas, capturados muchas veces en tiempo real, la indiferencia y la impotencia siguen siendo casi las mismas.
Fuera de un puñado de seres humanos que protestan, dialogan, proponen, exigen, presionan, crean foros y generan nuevas leyes para intentar paliar lo que otras leyes, que debían hacerlo, no paliaron, las variaciones sobre estos asuntos son, para…