WASHINGTON.- En el otoño de 1987, el secretario de Estado estadunidense, George Shulz, enfrentaba un desafío formidable: convencer al entonces presidente, Ronald Reagan, de que había llegado el momento de deshacerse de su dictador anticomunista favorito, el general Augusto Pinochet, y alinear abiertamente a Washington con las fuerzas de la democracia en Chile.
En septiembre, Shulz se había reunido con el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), William Webster, quien le había informado sobre el papel directo de Pinochet en el atentado con bomba del 21 de septiembre de 1976, en Washington D.C., que cobró la vida de un destacado crítico del régimen militar de Chile, el otrora diplomático chileno Orlando Letelier, y su joven colega del Instituto de Estudios Políticos (Institute for…
