Aún no pasaban 48 horas de su sorpresivo triunfo, cuando el presidente electo de Estados Unidos, el magnate Donald Trump, se dirigió al Capitolio, sede de la Cámara de Representantes. Ahí, donde el Partido Republicano logró también mayoría, y acompañado por el liderazgo parlamentario del instituto político que lo postuló, advirtió que la inmigración y la seguridad fronteriza serán su prioridad.
Fue el primer aviso. El siguiente, los nombramientos, la semana pasada, de supremacistas, antiinmigrantes y viejos promotores de poner barreras físicas con México. La extrema derecha en pleno.
No fue necesario que Trump, en su visita al Capitolio, volviera a mencionar su propósito de construir un muro en la frontera con México. El muro va, decía en las primeras horas después del triunfo republicano uno de los principales asesores…
