Cuando miramos banderas, automáticamente pensamos en rivalidades. Las guerras en nuestro continente colonizado, partido, saqueado, nos han llevado a desconfiar de todo lo que pueda venir más allá de las fronteras. Pero seamos sinceros, si trae dinero, estudios y se parece «un poco a nosotros», es bienvenido. Lo cierto es que, comúnmente, no queremos del todo al amigo cuando es forastero.
Recuerdo que cuando era niño, ser peruano no era bien visto. Incluso era despectivo, casi lo peor que nos podía pasar «como chilenos » —¿qué es ser chileno, a todo esto?—que nos iban a quitar el trabajo, que iban a traer delincuencia (como si en Chile no la hubiera), etc, etc, etc. Pasaron los años y la mayoría de esos peruanos se han casado con chilenos o chilenas, formando…
