El otro día, un amigo a la búsqueda de piso me comentó lo difícil que era encontrar uno con alma. Estaba viendo muchos, algunos en teoría estupendos, pero casi ninguno que tuviera magia, en el que la caja trascendiera. Aclaración para los que no dominéis el lenguaje de este mundillo, por “la caja” nos referimos a las coordenadas del espacio habitable: proporciones, altura de techos, tamaño y orientación de las ventanas... aquí está todo y, por lo general, suele ser inamovible. Podemos añadir más o menos florituras, pero no es posible modificar su esencia, es como la clase en una persona, la tiene o no la tiene. Y no hay más. Con una buena caja, el interiorismo luce el doble, y no digamos ya si además la arquitectura tiene singularidades…
