EN EL SIGLO XIX, barcos llenos de trabajadores zarparon hacia las islas frente a la costa de Perú para minar un recurso valioso: excremento de aves, o guano, depositado por aves marinas como pelícanos y piqueros peruanos. Este material blanco calcáreo se vendía como fertilizante a los agricultores, pero a costa del medio ambiente. A medida que su comercio aumentaba, más personas alteraban el hábitat de las aves y contribuían a la reducción de su población en decenas de millones. El fuerte descenso en los números inspiró a Thomas Peschak, fotógrafo y explorador de National Geographic, a resucitar “los espíritus de las aves marinas y traerlos al paisaje moderno”. En estas fotografías proyecta imágenes de principios de 1900 de las ahora desoladas islas para compartir una perspectiva única de la…