Dioses. Eso es lo que consideraban nuestros antepasados que eran los planetas cuando los observaban en el cielo. Aquellos movimientos alternativos, respecto al fondo de estrellas, les confirieron esa categoría divina que mantuvieron durante siglos. Sólo era cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriera estudiar esos movimientos, y cuando esto ocurrió, inevitablemente, llegaron las conclusiones. Aquellos objetos de movimiento alternativo perdieron su divinidad, dejaron de ser dioses para convertirse en “estrellas errantes” o planetas. Mantuvieron su denominación mitológica romana —Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno—y, junto con el Sol, la Luna y las estrellas fijas, formaban un Universo que comenzó a ser predecible.
EL MODELO GEOCÉNTRICO
Podemos imaginar que nuestros ancestros observan durante días, meses y años cómo los astros salen por el este y se esconden por…