No sé si os pasa lo mismo, pero últimamente, cuando me subo a una moto nueva, siento una mezcla curiosa entre admiración y cierta nostalgia. Es asombroso todo lo que hace la tecnología: te corrige cuando te equivocas, te avisa si algo va mal, adapta la moto a ti como si te conociera de toda la vida. Y oye, no voy a mentir, a veces viene muy bien. Pero también me pregunto: ¿dónde queda esa parte en la que éramos nosotros los que llevábamos las riendas? Antes sentías el gas directo, el freno con su riesgo, el traqueteo de la rueda cuando la curva no perdonaba. Hoy, con tantos sistemas ayudando, da la sensación de que vamos más seguros, sí… pero también más desconectados.
Recuerdo rutas en las que la…