“La memoria de este pueblo, desde siempre Calzadilla, refiere con maravilla un prodigioso suce so. Escuche la tradición, no existe otro documento, juzgue luego del portento, y aprenda su gran lección. Un pastor calzadillano, cumplía su trabajo honrado… Sintió que un día se espantaba su rebaño y corrían sus corderos dispersos por todos lados. ‘¿Qué sucedía, Señor?’ –se preguntaba el pastor que era un hombre buen cristiano–. ¿Algún lobo, alguna zorra?’. Algo espantoso, muy raro, algo que hizo temblar al pastor con sobresalto. De entre zarza y matorrales, de humedales y peñascos, surgía una figura horrible, la de un inmenso lagarto que, con las fauces abiertas, atacaba a su ganado…”. Esta es la crónica, rimada en verso, que doña Cristina, vecina de la localidad cacereña de Calzadilla –cuyo censo no alcanza…