En la medianoche del viernes 11 de octubre de 2019, una espectacular bola de fuego alumbró como un fogonazo los cielos de Songyuan, ciudad de la provincia de Jilin, al noreste de China, que cuenta con 2.750.000 habitantes. Las impactantes imágenes, recogidas por las cámaras, de un cielo tachonado de estrellas que se disolvía, convirtiendo la noche en día, ante el paso del fugaz meteorito acapararon la atención mediática de los noticiarios locales chinos. Pero en la prensa internacional, aquella noticia apenas mereció una escueta píldora informativa…
En aquel momento, el mundo todavía no había oído hablar del coronavirus. Y si a cualquier ciudadano se le hubiera anunciado que, tan solo unos cinco meses después, las autoridades de su país le obligarían a estar confinado en su casa sin poder…