Resetear, renovar, respirar de nuevo, volver a imaginar. El verano está hecho de calma y paz; de grandes encuentros, luz y color; de rincones chill y de espacios-refugio. Nuestro hogar se convierte, como decía Michel de Montaigne, en “mi lugar de retiro y descanso de las guerras (…), un refugio contra la tempestad exterior, mientras hago otro rincón en mi alma”, uno que, muy en la línea del escritor francés, llenamos de momentos con los nuestros, experiencias e instantes de contemplación. Y vestimos de color, mucho color, como el que nos sugiere la creativa Sabine Marcelis, que se mantiene en un perfecto equilibrio en la intersección entre el diseño y el arte contemporáneo, o el que nos ofrecen los tonos más brillantes del verano: naranja y amarillo, verde y…