Cada ser humano es diferente. Nos preceden historias individuales distintas, padres y madres con pasados propios y una serie de oportunidades y experiencias personales irrepetibles.
A pesar de vivir en sociedades pretendidamente abiertas y democráticas, contar con Constituciones incluyentes y universales, seguimos arrastrando lastres de concepciones y prejuicios culturales que creíamos superados. Las sociedades suelen diseñar patrones ideales para que sus individuos los cumplan, más allá de normas morales o de convivencia básica, nos exigen asumir roles culturalmente establecidos a lo largo de la historia. Quienes no se ajustan a estos moldes han sido históricamente perseguidos o marginados, etiquetados como “antinaturales” o considerados abominaciones vivientes, según cada cultura lo ha establecido. La lista de esos títulos es interminable e, incluso, indecorosa.
La creación de un modelo de vida propio en…