De tal modo, que la escena jazzística mexicana, además de contar con instrumentistas, cantantes y compositores, se nutre de programas de radio, sitios web, disqueras, locutores, diseñadores gráficos, clubes de jazz, gestores culturales, tiendas de instrumentos, cineastas, maquiladoras, redes sociales, estudios de grabación, programadores, críticos, programas de televisión, fotógrafos, giras, periodistas, una creciente oferta educativa tanto pública como privada, promotores, blogueros, empresarios, historiadores, un ávido público, medios de comunicación especializados, un incipiente merchandising y desde luego, los festivales.
En el país existen festivales de jazz repartidos en las cuatro estaciones y los hay en distintos formatos: urbanos y rústicos, de paga o gratuitos, diurnos y nocturnos, en playa o desierto, y con oferta nacional y extranjera.
En materia de visibilidad y promoción, es posible que tan solo después del Internet,…